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RINCÓN DE LA PALABRA DEL VIERNES 23 DE FEBRERO: MARCOS 9, 2-10 (SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA)

RINCÓN DE LA PALABRA DEL VIERNES 23 DE FEBRERO: MARCOS 9, 2-10 (SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA) 

-El evangelio de hoy nos lleva al segundo domingo de Cuaresma. Es uno de los más metafóricos y simbólicos que podemos encontrar. Pero, en el fondo, es sencillo porque se basa en tres realidades que nos traspasan. 

-La primera, el poder de la amistad.  Jesús tiene una frase que ha sido comentada, analizada y citada por personas de todas las nacionalidades y creencias del mundo: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”. Hoy es un buen momento para que penséis en aquellas personas que no os han fallado, que están ahí, sin las que la vida se os haría más pesada.  

-Jesús quiere transmitir que es el Hijo de Dios a sus personas más allegadas, a los que lo están siguiendo y han dejado todo por Él con todo lo que eso implica. Qué bueno es contar con amigos, con amigas que nos acompañen bajo cualquier circunstancia y situación. Amistades que son familia, cuyo amor que nos muestran es del todo incondicional. No dejemos de cuidarlas. Jesús nos habla de ello con un gesto.

-La segunda, el gesto, les comunica algo importante, se abre a todos ellos. ¿Qué significa? Jesús nos enseña que las cosas importantes tenemos que compartirlas, ofrecerlas, y más las que dan luz y transforman. Este evangelio es el de la transfiguración, una prueba más de que es más que un hombre, una persona de carne y hueso, y así, por su condición divina y pertenencia al padre, a Dios, puede trascender su propia persona a través de lo que se llama la TRANSFIGURACIÓN.

-Esta palabra que nos puede sonar a CHINO, significa TRANSFORMARSE. ¿No estamos en tiempo cuaresmal? La CUARESMA es la preparación para recibir la mayor noticia que tiene el cristianismo para toda la humanidad: la RESURRECCIÓN. ¿Hay una transformación y cambio mayor que esta realidad y es vencer a la muerte? 

-Y dicho esto pasamos a la última enseñanza del evangelio de hoy. Jesús tiene el poder salvífico, curador, porque vence todo mal. Todo el sufrimiento, todo aquello que nos hace daño, Jesús nos enseña que podemos afrontarlo, con sus más y sus menos, con nuestras debilidades, con nuestras caídas, pero que todo tiene solución. 

-Sólo cabe humildad, que pidamos ayuda, que sepamos que no estamos solos, que Él nos acompaña a través de las personas que nos aman aquí en la tierra y en este mundo nuestro. 

-Los discípulos no dieron crédito a lo que veían, es normal, y nosotros tenemos que darnos cuenta que somos más importantes de lo que podemos llegar a imaginar para muchas personas. No olvidemos estas tres lecciones para vivir una Cuaresma profunda y plena. 

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